Avión
Acabo de llegar al aeropuerto. Miro el móvil: mensaje de Ryanair.
“Su vuelo se retrasa hasta las 17:45”.
Son las 14:30.
Estoy solo.
Ya no.
Me está hablando una mujer de voz ronca.
- ¿Hablas español?
- Sí.
- ¿Por casualidad vas en el vuelo de Air Europa?
- No, Ryanair.
- Es que me he quedado tirada y me faltan 13 euros para volar.
- ¿Y eso?
- El viaje se ha retrasado y ahora vale más.
- Pero eso no lo pueden hacer, porque…
- Necesito 13€ - me interrumpe.
- No tengo efectivo - sí que tengo, pero soy más exigente con este tipo de storytellers.
- ¿Y qué hago?
- Habla con la aerolínea…
- He hablado, pero esto es como cuando compras unas gafas - dice mirando las mías -. Si te falta dinero, no te las venden.
Saco el móvil para que me deje.
Empiezo a escribir lo que me ha pasado:
Acabo de llegar al aeropuerto, miro el móvil y
Un trabajador del aeropuerto con la cabeza rapada me levanta las cejas.
- ¿Qué te ha dicho esa?
- ¿Perdón?
- La mujer. Mírala. Ya está buscando otra víctima.
- Ah… no sé. Yo le he dicho que no tengo efectivo.
- ¿Pero tienes?
- No - sí que tengo, pero ¿por qué me pregunta eso?
Cojo la maleta, me desplazo unos metros y saco el móvil otra vez.
Empiezo a escribir lo que me ha pasado:
Acabo de llegar al aeropuerto, Ryanair va con retra
- Señor, quítese la gorra —dice la chica del arco de seguridad.
- Perdón.
- ¿Tiene algo en los bolsillos?
- Unos kleenex y un poco de dinero.
- ¿Cuánto?
- Unos trece euros.
- Sáquelo y póngalo en la bandeja.
- ¿Pero el dinero pita?
- Y el móvil también.
Recupero el móvil.
Mientras paso por el detector, escucho a dos niños detrás de mí.
- Cógelo tú.
- No, tú.
- Yo cojo el billete y tú las monedas.
Miro la bandeja.
El móvil está.
Los kleenex también.
Pero solo veo el billete.
Me faltan la moneda de dos euros y la de uno.
Los niños me miran como si no hubieran hecho nada.
Me rebusco en los bolsillos. No están.
Voy a la zona de espera. Busco un asiento alejado de todos. Por fin estoy solo.
Ya no.
- Caballero.
Un guardia civil con barba de vikingo y bíceps de vikingo se detiene frente a mí.
- ¿Sí?
- ¿Le ha pedido dinero una mujer de voz ronca?
- Trece euros.
- ¿Se los ha dado?
- No.
- Pero, ¿tiene dinero?
- Me quedan diez.
El guardia civil asiente despacio.
- ¿Cuánto tenía antes?
- Trece, creo.
Hace la cuenta con los dedos.
- Entonces cuadra.
Saco el móvil.
Empiezo a escribir lo que me ha pasado:
He llegado al aeropuerto, primero el retraso, luego una mujer de voz ron
- Última llamada para el embarque del vuelo 8809 con destino a Núremberg.
Miro el móvil.
17:30.
Mierda.
Cojo la maleta y corro hacia la puerta.
Soy el último.
La azafata me espera con la mano extendida.
Meto la mano en el bolsillo y le doy el billete.
Lo mira.
Luego me mira a mí.
- Señor…
Hace una pausa.
- Le faltan tres.
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