VHS
Llevo 30 años engordando una deuda que no puedo pagar.
Alquilé Bitelchus un viernes de 1994.
A 150 pesetas el día de retraso, debo la entrada de un piso en Moratalaz.
La vi.
Y no sé si es por la deuda o porque es realmente mala, pero la odio.
Se me olvidó devolverla aquel lunes.
Al principio no volví por vergüenza. Luego por falta de fondos.
La escondí debajo de la cama. Espero que mi madre no la encontrara. Debe de ser raro toparse con Michael Keaton en el sitio de Claudia Schiffer.
Cuando me acordé, ya habían pasado semanas.
No volví al videoclub.
Ni siquiera pasaba por esa acera.
Daba la vuelta a la manzana como si alguien siguiera esperando dentro.
Aquella cinta me quitó una calle entera.
El quiosco.
El peluquero.
El ultramarinos.
Un agujero en la ciudad.
Cuando el videoclub cerró pensé que se arreglaba.
Pero no.
El dueño traspasó el local.
En su lugar abrieron un bar.
Ahora intento ir casi todos los días.
Me tomo un cortado.
Y dejo propina.
Un euro.
A veces dos.
No reduce la deuda, pero la mantiene tranquila.
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